Preludio
~ El reloj marcaba las 10:00, era una noche bella y taciturna; la joven aun no sentía efecto alguno, su mente seguía vagando, soñando en aquellas noches de saturno, en donde solía yacer entre flores zafirinas y flotar sobre nebulosas de mil colores…
…esta realidad la expulsó a ese mundo quimérico y eterno, ya que en esta vida no había cabida para un ser etéreo…~
‘Una bella joven, de mirada perdida, paseaba de aquí a allá en una antigua catedral, está había sido su hogar desde el comienzo de su existencia, la cual no comprendía, y además se encontraba inmersa en una confusa infinidad; -¿por qué he de yacer eternamente?- se pregunta la tierna criatura sin comprender… su continua existencia la ofuscaba, llevándola solo al apartamiento…
Mientras cavilaba, un ser de mil cabezas llega repentinamente, reposándose a su lado y preguntándole sobre la eternidad…
-es imposible- contesta la joven –conocer algo tan inmenso y sublime como la infinidad, fiel y engañosa, fatal y amena como la vida misma- ni siquiera ella entendía la infinidad, sin embargo, quería escapar de ella.
En cuanto al extraño ser, consternado emprendió vuelo, dejando a la joven sumida en sus pensamientos y soñando dentro de aquel sueño que cubre la falsa realidad.
Percatándose de su desconocimiento, la joven perpleja ya no quería seguir a la merced de esa eternidad, por lo que intenta correr, mas no logra moverse, huye sin poder hacerlo; esas impalpables cadenas la retienen en este mundo, en este infinito baile de mascaras, privándola así del placer de la voluntaria mortandad, del verdadero despertar…
Pues tras haber existido durante largo tiempo, la joven se sentía exánime, indiferente ante su permanencia, y esa indiferencia era embriagadora e incitadora, por lo que en aquella noche, decidió dejar de dormir… dejar de soñar en esta onírica realidad.
No tenía razones concisas, solo la constatación de su propia trivialidad, lo que le provocaba un basto desconcierto; quería huir de aquel ser que emanaba de ella, esa apariencia, ese disfraz que escondía su propia realidad.
Así que esa misma noche, la joven decidió ya no estar apartada y ya no dormir más.
Fue a las 9:30, la joven había colocado cinco gotas a su brebaje habitual, el sabor se había tornado algo amargo, pero lo ignoro y siguió bebiendo, no sabía en cuanto tiempo haría efecto esa infusión, así que se dispuso a dar un breve paseo, mientras el tiempo transcurría y en su cuerpo ocurría un caos interno.
Atravesó los largos corredores de la catedral, amaba sus pétreos muros, éstos guardaban sus secretos y deseos más profundos… mientras caminaba, iba entonando unas hermosas melodías que existían en su mente, eran de las pocas cosas maravillosas que este mundo le compartió; esas melodías que contaban una historia distinta en cada nota, quedando plasmadas como si fueran dibujadas en el cielo nocturno.
Siguiendo su caminata, la joven llegó a un jardín secreto, en él había miles de rosas zafirinas, claveles sabor a miel y muchas más flores extranjeras que desprendían aromas y colores inusuales pero extraordinarios… observando el panorama, la joven se detuvo ante la inmensa bóveda celeste, quizás extrañaría las estrellas, a esos luminosos soles distantes que hace tiempo perecieron, convirtiéndose en pequeños ojos brillantes en el cielo… de pronto, una ráfaga de viento acarició su piel, susurrándole al oído todos aquellos lugares legendarios por los que había soplado.
Fue en ese momento que la joven deseo que el tiempo se detuviera, que volviera eterno ese instante en el que se sentía libre, llena… bajo luces infinitas, olores y colores singulares y las caricias del viento bajo la noche.
Al pasar unos minutos, poso su mirada en el reloj lunar, se percato de que ya eran las 10:00, aunque aun no sentía efecto alguno, un soporico cansancio la invadió, así que emprendió camino hacia su aposento… pero antes, se despidió de las estrellas, de las rosas, del viento… y de la noche, de esa hermosa oscuridad nocturna que la abrazaba cada vez que lo necesitaba, y ahí estaba, eterna y plena, solo para ella.
Regresó por los corredores y subió una exquisita escalinata circular, hasta llegar a su alcoba; ésta se hallaba en una encantadora nitidez… las velas estaban consumiéndose lentamente, al igual que ella.
Su cuerpo estaba desfalleciendo, por lo que se recostó un momento.
Mientras disfrutaba esa breve paz, inesperadamente un intenso ardor que carcomía sus entrañas se hizo presente, sacándola de su momentánea somnolencia, era tan intenso que abrazaba todo su ser, era como hacer el amor con un demonio… una sonrisa se esbozo en su rostro, mientras que esa agonía parecía perpetuarse.
~...y de pronto, se hallaba tendida en el suelo de la habitación, las velas se habían apagado ya… y la noche se volvió eterna. ~
La joven cayó estruendosamente al piso de la habitación, bajo dolor y espasmos, de pronto, dejo de moverse… el suplicio se había terminado, el dolor solo duro unos cuantos segundos, antes de que la joven ya no sintiera nada, que se hallara fuera de su ser… por fin había despertado de ese letargo llamado vida, de ese sopor… y se encontraba en aquel mundo que recreó en sus momentos mas lucidos… en aquella realidad, que trasciende y abraza a cualquier ser.
Con su consumación, la noche se había convertido en infinita, y la joven sería entonces el viento que susurrara a los hombres aquellos secretos, que a pesar de estar presentes, no eran capaces de conocer… seria quien acariciara a los seres de este mundo onírico.’
~ Ahora se encontraba consigo misma, se conocía… aquella hermosa joven de cabellos rojizos que decidió no dormir más… no soñar… y así, transformarse en la perpetua nocturnidad.~