Ven, vámonos, no hay que hacer ruido, pues él nos puede oír, ¿lo escuchas?
Ha dejado de cantar, por ello hay que salir; ¿no quieres? Si, yo se que si.
Hay que quemarlo. ¿Lo hacemos sangrar? Si, yo se que quieres…
Su sangre fue bella, nos baño hasta el alma;
¿aun no quieres ir?
¿porqué?
¿fue el canto?
¿fue la sangre?
¿fui yo?
16 de diciembre de 2009
…
Una demencia que todos tenemos; aferrarnos a la vida; esa es la mayor locura de todas, a tal punto de volverse una absurda e irónica verdad, una que nadie quiere entender, no se puede; no se ve, no se escucha, no se siente, ¿qué es?, no lo se, ¿tú lo vez? Si, quizá.
Todos sufrimos ese bello delirio, por mas que especules, por mas que hables de absurdos idealismos que solo verbalmente te colocan fuera de lo que los otros creen; no te engañes, eres igual que ellos.
Piensas que por manejar mundos más allá de lo habitual estas fuera de éste.
Tu nada esta aquí, tu nada es igual que la de ella, que la de él, que la mía.
No creas que la haz disfrazado por completo; las palabras no disuelven el trasfondo, solo lo incitan más; denotan que algo hay, y ese algo es lo mismo en todos.
Solo nos hundimos en un éxtasis momentáneo…El conocimiento es una sobredosis.
“Porque todo lo visible descansa sobre un fondo invisible; lo que se oye, sobre un fondo que no puede oírse; lo tangible, sobre un fondo impalpable”
Novalis
Y acompañada de esas notas sublimes, esta la bella palabra escrita, que si es grata resulta tan rica y verosímil, aunque cuenten que un hombre vuela entre mares de masas gaseosas mientras seres de mil ojos encabezan un emsamble... además de que, ¿a quién no le gusta empaparse con esas ideas imaginarias, oníricas?, asimismo el hecho de concebirlas, las hace ‘reales’, y como esto es abstracto, se pueden crear varios significados y percepciones. Al fin de cuentas, del hombre depende ver la surrealidad dentro de este plano terrenal que se nos ‘dio’ para existir…
“Bajo cada piedra hay un nido de palabras y de su rápido revoloteo se forma la sustancia del mundo”
“El todo es mente; el universo es mental”, todo es mero pensamiento y necesitamos representarlo con algo, ahí aparecen y toman importancia las cosas, pues al tener algo tangible se le da valor a las palabras, tienen un significado, puede ser comprendido; todo existe en tanto que es pensado, por ello la cosa en sí no es cognoscible, porque el acto de pensar ya conlleva una interpretación subjetiva, de un mundo propio, todo es producto de la mente; “nadie es nada sólo adentro”. El hombre crea al otro y con ello se crea él mismo, crea su realidad, de él emana, pues si no hubiera quien expresara el mundo o definiera, este no existiría.
El lenguaje solo tiene valor en tanto que puede ser identificado o representado con alguna forma, esto alude a cosas sensibles, sin embargo, para mí las mismas palabras son forma de cosificación, pues al crear un concepto se crea una entidad, “algo”, con lo cual se puede llegar a conflictos meramente metafísicos; por ejemplo, la misma palabra realidad; no existe la «realidad», solo en tanto concepto, pues no es una cosa, no es tangible, sin embargo existe, ¿por qué? porque la definimos, o al menos tratamos de hacerlo, ya sea con palabras, significados, interpretaciones, etc., así la «realidad» es cosificada, y lo curioso es que no sabemos siquiera que es, creemos estar en ella porque eso se nos ha dicho y es lo que se nos presenta, por eso lo creemos; de ahí que nuestro lenguaje lo limite a burdos conceptos que aceptamos a falta de algo mejor o de algo más concreto, sin comprenderlos por completo, pero al fin de cuentas “el pensamiento es un idioma de signos... sin sentido”