Estar a la altura de la eternidad es también vivir al día. E. M. Cioran

1 de diciembre de 2009

Extracto de: La ambigüedad del lenguaje en el pensar determinado

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“El todo es mente; el universo es mental”, todo es mero pensamiento y necesitamos representarlo con algo, ahí aparecen y toman importancia las cosas, pues al tener algo tangible se le da valor a las palabras, tienen un significado, puede ser comprendido; todo existe en tanto que es pensado, por ello la cosa en sí no es cognoscible, porque el acto de pensar ya conlleva una interpretación subjetiva, de un mundo propio, todo es producto de la mente; “nadie es nada sólo adentro”. El hombre crea al otro y con ello se crea él mismo, crea su realidad, de él emana, pues si no hubiera quien expresara el mundo o definiera, este no existiría.

El lenguaje solo tiene valor en tanto que puede ser identificado o representado con alguna forma, esto alude a cosas sensibles, sin embargo, para mí las mismas palabras son forma de cosificación, pues al crear un concepto se crea una entidad, “algo”, con lo cual se puede llegar a conflictos meramente metafísicos; por ejemplo, la misma palabra realidad; no existe la «realidad», solo en tanto concepto, pues no es una cosa, no es tangible, sin embargo existe, ¿por qué? porque la definimos, o al menos tratamos de hacerlo, ya sea con palabras, significados, interpretaciones, etc., así la «realidad» es cosificada, y lo curioso es que no sabemos siquiera que es, creemos estar en ella porque eso se nos ha dicho y es lo que se nos presenta, por eso lo creemos; de ahí que nuestro lenguaje lo limite a burdos conceptos que aceptamos a falta de algo mejor o de algo más concreto, sin comprenderlos por completo, pero al fin de cuentas “el pensamiento es un idioma de signos... sin sentido”

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